viernes, 27 de marzo de 2009

Una vida en agonia

Si supiera que hacer en esos días en los que me siento llorar a mi misma sería la persona más afortunada; pero no se que hacer y dejo que mi vida agonice hasta que llore y se retuersan sus recuerdos hasta que escurran la última gota de amargo dolor. Por un instante me convierto en la más infima persona, una migaja de pan es más grande que yo. Soy violentamente cambiante, me pierdo, no recuerdo luego ni porque lloraba y caigo en un estado de alivio o de tranquilidad, como si hubiese soltado un gran peso de mi espalda. Nada peor que tener ganas de llorar y no poder hacerlo. Porque sé que no merece mi llanto. El problema no es que no ame sino que ame demasiado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario